Hipotecas inversas y dependencia

LA aparición, años atrás, de las llamadas «hipotecas inversas» o de las «rentas vitalicias» como fórmulas alternativas para que nuestros mayores puedan disponer de más recursos económicos en el tramo final de su vida, fue bien acogida. Es saludable que las sociedades no dejen de idear mecanismos que permitan conjugar el negocio legítimo con la satisfacción de las necesidades reales de las personas. Sin embargo, las hipotecas inversas no terminan de consolidarse en España. Un estudio de la Universidad de Barcelona ha analizado las causas: el arraigo en España de la llamada «cultura de la herencia»; la falta de un conocimiento suficientemente extendido sobre las virtudes y defectos de estos productos; la desconfianza hacia algo que aún se percibe como novedoso y no sometido a una experiencia más amplia; o la adaptación de los mayores a mantenerse con bastantes menos recursos de los que disponían durante su vida laboral.
Sin embargo, es un hecho constatado -y preocupante- el rápido envejecimiento de la población española. La tasa de natalidad no crece en la misma proporción que la de envejecimiento, y la esperanza de vida es cada vez mayor. Se calcula que hoy, en mayor o menor grado, hay ya en torno a un millón de personas mayores calificables como «dependientes». Por lógica, la cifra crecerá y en 2015 habrá varios cientos de miles más de ancianos con enormes dificultades para valerse por sí mismos en muchos aspectos, entre ellos el económico.
La Ley de Dependencia promovida por el Gobierno está llamada a ser el remedio a una situación injusta a la que se ven abocadas miles de personas que, en su ancianidad, no se ven amparadas por el Estado en la misma medida en que ellos contribuyeron, durante años y con su trabajo, al sostenimiento del Estado. Pero la Ley de Dependencia necesita menos alharacas electoralistas, menos demagogia, un desarrollo urgente y eficaz, una dotación generosa y una implicación decidida y sincera por parte del Gobierno y las comunidades autónomas. De nada le servirá a Zapatero dar un «giro social» a su agonizante legislatura si todo lo reduce a palabrería o a los golpes de efecto como la concesión de 2.500 euros por niño nacido.
Desde este punto de vista, la apelación que desde el Ministerio de Hacienda se ha hecho a la necesidad de «plantear productos financieros que sirvan de apoyo a las familias» es oportuna siempre y cuando tal aseveración no esconda el propósito de que las «hipotecas inversas», por ejemplo, representen el grueso de la financiación de la ley de Dependencia. Este tipo de rentas vitalicias son muy aceptables como complemento económico, pero en ningún caso deben configurarse como sustitutivos de los instrumentos financieros de la dependencia.

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